Auto del Nacimiento de Nuestro Señor de Gómez Manrique

Diputación de Palencia y Ayuntamiento de Villamuriel de Cerrato unen fuerzas para impulsar el valor cultural de la obra de Gómez Manrique

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felices fiestas

La obra: El Auto del Nacimiento de Nuestro Señor.

 

Escrito por el autor palentino, Gómez Manrique, entre los años 1458 y 1468, antes de que fuera nombrado corregidor de Toledo.

Le fue solicitada por su hermana doña María, vicaria del Convento de la Consolación de Calabazanos en Villamuriel de Cerrato, en principio para ser representada el día de Nochebuena en el interior de la iglesia por las propias religiosas.

Se trata de una maravillosa pieza llena de emoción, ternura y viveza, que deriva del género latino del Officium Pastorum, en los que se mostraba a pastores y ángeles dispuestos a adorar a un Jesús recién nacido. Lo fundamental de esta pieza, que en realidad es un conjunto de bellísimos cuadros, es que se trata de la primera obra teatral escrita en castellano de autor conocido, y no es ya una obra de poemas unidos entre sí por un mismo tema, sino que los personajes dialogan entre ellos dando pie al resto de obras dialoga­ das que llegaron después (como las de Lope de Rueda).

Todo ello coloca al Auto del Nacimiento de Nuestro Señor de Gómez Manrique, como la máxima representación de la sensibilidad religiosa de la época y se anticipa como pionera de las grandes obras religiosas del Renacimiento.

El texto de la obra, puede parecer demasiado breve, pero la puesta en es­ cena consigue emocionar al público con las bellas palabras que el autor escribió en el mismo marco que las inspiró.

Los grupos de teatro que han puesto en escena esta representación se mantienen fieles al texto original. Simulan regresar al año en que fue estrenada la pieza en el Convento de Calabazanos y al que, según la tradición, asistió la propia infanta Isabel de Castilla. Por tanto, el autor, su hermana, la infanta y otros personajes de la Corte inician y presencian la representación teatral.

Hemos de ser conscientes de que se trata de una obra sencilla y de ahí nace su gracia, es necesario plasmar en la puesta en escena la religiosidad del momento que la obra recoge, y dotar a los diferentes cuadros de toda la belleza que el autor imaginó para ellos.

El escenario: El Monasterio de Calabazanos. El Real Convento de Nuestra Señora de la Consolación, de la orden de Santa Clara, fue fundado en 1440 sobre un priorato benedictino anterior patrocinado por la familia Manrique.

Se accede a la iglesia desde el patio recoleto que, en muchas ocasiones, sirvió para celebrar obras de teatro representadas por las mismas monjas. La iglesia, única parte visitable del Monasterio es, precisamente, el elemento más moderno del mismo. Se trata de un templo barroco de moderadas dimensiones. Su aspecto exterior, sumamente austero, animaron al periodista José Alonso de Ojeda a denominar a la Consolación de Calabazanos como “El Escorial de Adobe”.

Obra del siglo XVII, construida en piedra y verdugadas (hiladas horizontales) de ladrillo. Tiene una sola nave y cuatro tramos con arcos de medio punto que se apoyan sobre pilastras, bóveda de medio cañón con lunetas y decoración de yesería del siglo XVIII. El coro está a los pies y, debajo de él, se encuentran los enterramientos de las hijas de doña Leonor en cenotafio de mármol. En el coro se encuentra, también, un enterramiento en estilo Cisneros del siglo XVI, con un relieve en el que aparecen Santa Isabel, San Juan niño y el Niño Jesús. Hay otro sepulcro que es el de doña Inés Manrique, muerta en 1535, esposa del Adelantado de Murcia don Juan Chacón.

El claustro es del siglo XVI, con bóveda estrellada. En él se encuentra el sepulcro de la fundadora del Convento, doña Leonor, que murió en el 1470. Es de piedra y conserva cierta policromía. La estatua que muestra es una clarisa con las manos unidas en actitud de oración. Se atribuye al escultor castellano Alejo de Vahía.

El autor: Gómez Manrique. Nació en Amusco sobre 1412 y fue un interesante hombre de su tiempo, fiel al arquetipo de su familia ya que pertenecía a la rama de la familia de los Mendoza. Sobrino del Marqués de Santillana, hermano de Rodrigo Manrique y tío, por tanto, de Jorge Manrique (autor de las famosas “Coplas a la muerte de su padre”). Como vástago de tales familias usó la pluma y la espada. Luchó contra Juan 11 y se alió, decididamente, en el bando de Isabel contra Juana.

La relación de la infanta Isabel con Gómez Manrique fue muy temprana, duró toda la vida y se extendió a la esposa del poeta. Éste intervino en el Pacto de los Toros de Guisando y en las negociaciones para los desposorios entre Isabel y Fernando de Aragón, siendo en todo momento un hombre de confianza de la Reina Católica.

Fue corregidor de Toledo hasta su muerte, mantuvo la ciudad fiel a Isabel, enfrentándose con el Arzobispo y muchas otras fuerzas vivas. Construyó las Casas Consistoriales e hizo grabar unos famosos versos para los varones de Toledo.

Poeta galante, su poesía está impregnada de influencia provenzal. Como autor teatral, escribió varios Momos que principalmente se representaban en la corte de la Infanta Isabel y sus damas, destacando sus ” Lamentaciones para la Semana Santa” y se le atribuye el “Auto de la huida a Egipto” que se conserva en un convento franciscano. Pero sin duda, es el “Auto del Nacimiento de Nuestro Señor’, la obra más importante de todos sus trabajos y la de mayor relevancia por tratarse del primer texto teatral de autor conocido escrito en lengua castellana, siendo para todos los palentinos motivo de especial orgullo ya que fue escrita para el Convento palentino de la Consolación de Calabazanos. Gómez Manrique, murió alrededor de 1490, y sus restos por deseo expreso suyo reposan en Calabazanos junto a las mujeres de su vida: su madre doña Leonor, su esposa doña Juana, su hermana doña María y sus hijas.

 

 

 

 

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